She Eludes Me.

Hay veces que se me ocurren cosas en inglés. Son pensamientos cortos porque en cuanto pienso en la gramática la inspiración se esfuma. Como ella. // There are times I come up with things in English. They are short thoughts because once I start thinking about the grammar of it, inspiration is gone. Like her.


I was chasing a girl last night, she looked tormented below a black cloud of sorrow and doubt. I felt tempted to reach her and surround her with my arms. To feel again the forgotten pleasures of being carnal. Blood invigorating the flesh, igniting the spirit through infinite sparks of melting heat. Down to earthly perfumes, swallowed by a swamp of sweet filth. A beast that hunts by letting the prey hunt it. The girl stops and is gone like fumes with a draft of spiraling winds.

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#BookTag: Películas Que Deberían Ser Libros.

Siguiendo con la serie de booktags que me inspire mi amiga ispamaga (que me quitó la oportunidad de incluir Amelie en mi tag), ahora con las películas que deberían ser libro. Inmediatamente pienso en la filmografía de David Lynch, pero solo pondré dos.

Lost Highway.

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¿Apoco no odian la estructura de 3 actos de todas las películas? Principio, medio y fin. Bueno, Lost Highway es una torcedura de secuencia filmica, la topología más parecida es la de una superficie de moebius en lugar de la tradicional “línea”; extrayendo la historia y la calidad con la que es presentada, sin duda merece una versión literaria por su riqueza de imágenes, fina estética y angustiosa tensión. }

Mulholland Drive.

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La otra de David Lynch; estrenada cuatro años después de Lost Highway, el director nos vuelve a traer su peculiar visión artística en el modo de contar historias. Para un ojo no entrenado, es difícil de encontrar una secuencia lógica. A diferencia de Lost Highway, sí está presentada de forma “lineal”. La historia trata sobre la cruda realidad detrás de los sueños de una inocente aspirante a actriz recién llegada a Hollywood desde un lugar de Canadá. Merecería una versión literaria por los mismos motivos que mencioné de Lost Highway. Además, esta fue la primera película que adopte como “caso de estudio”.

Abre Los Ojos.

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Para aquellos que no la conozcan, es la versión original de aquella yankee del 2001 llamada “Vanilla Sky” dónde sale Tom Cruise y Penélope Cruz. En Abre Los Ojos también aparece la actriz española, interpretando el mismo papel en ambas películas. Comienza como una comedía ligera e inocente de jóvenes adultos; primero salen dos muchachos con una conversación sobre las chicas, las relaciones de una sola noche y lo hipócritas que son algunas diciendo preferir a los “chicos buenos”, pero luego nos enteramos que César, el protagonista, está narrando esos eventos a su terapeuta en una penitenciaría psiquiátrica. El resto se desenvuelve magistralmente. Adaptado a un libro no llegaría a nivel de clásico, pero sí sería un fenómeno cautivador. Y no ocuparía una trilogía.

Pulp Fiction.

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Quiero creer que todos ustedes saben de qué película hablo. Y no quisiera tener que explicarles por qué haría un buen libro. Sin embargo, hubo un valiente mexicano, capitalino que hizo una adaptación de relatos bíblicos a una serie que toma lugar en un México futurista distópico narrados de la misma forma anacrónica que Pulp Fiction. El libro se llama Miller y Giménez, de Ruy Xoconostle. Y lo menciono solo como ejemplo ilustrativo de que Pulp Fiction haría un buen libro.

City Lights

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Ahora una de Charles Chaplin, una comedia romántica narrada en cine mudo con letreros de dialogo; Charlot, el personaje de Chaplin aparece como un vagabundo sin hogar que conoce y se enamora de una chica ciega que vende flores. Por otro lado, una noche salva de suicidarse a un hombre rico. Lo que queda no lo podría contar, es lo bello de la historia y merecen enterarse viendo la película (está en Youtube, si les interesa). Verán por que haría un buen libro…o un relato corto, pero su valor está en la calidad, no en la cantidad de páginas.

Y este fue otro booktag…. siento que hay algo que no estoy haciendo bien. No acostumbro a seguir este tipo de “trends”. Hasta la próxima.

#Booktag: Las enfermedades de los libros

Bueno aquí mi booktag, inspirado en la versión de inhalando líneas. Esto se trata de hacer una lista de libros según los identifiques con alguna enfermedad. En vez de “Las enfermedades de los libros” yo le hubiera puesto ‘Las enfermedades en libros’, pero bueno, no es mi tag.

Diabetes: Un libro Muy Dulce. En Serio muy dulce.

Caracoles…no consumo de esa gama pero lo más cerca fue Madame Bovary. (Creo que este tag es para chicas. Ni modo, ya lo empecé).

Varicela: Un libro que leíste una vez y nunca volverás a leer.

Los juegos del hambre, pero ese no pasé de la segunda página. ¿Quién diría que hasta hicieron películas de la saga?… De alguno completo no recuerdo 😐

Influenza: Un libro que se esparce como virus.

Las ventajas de ser invisible. Un virus muy femenino por cierto, pocas quedaron inmunes (las que no leen).

El Ciclo: Un libro que lees cada mes, año o seguido.

Para eso si soy bueno, para repetir. Empecemos por la saga de La Torre Oscura, es la ficción más ‘repetible’  y lo hago cada año. Luego está Rayuela (no todo), y prácticamente toda la obra de Cortázar, es un mundo sensorial para visitar mínimo una vez al mes.

Insomnio: Un libro que te mantuvo despierto toda la noche.

Ninguno lo ha logrado, el que se acercó fue Ulises de James Joyce noqueándome pasadas las 3 am.

Amnesia: Un libro que olvidaste que habías leído o que falló en hacer una impresión en tu mente.

El que sea que haya olvidado no te lo podré decir. Sin embargo, la obra de ficción de Vargas Llosa sí que falla en hacer impresiones en mi mente, lo contrario de sus ensayos como La Civilización del Espectáculo (¡LÉANLO!).

Asma: Un libro que te robó el aliento.

En su tiempo, El Señor de las Moscas, luego fue Ángeles y Demonios. La sensación asmática no me ha vuelto, creo que ya estoy curado de espantos.

Desnutrición: Un libro al que le faltó comida para el cerebro.

Las novelas del detective Belascoarán, de Paco Ignácio Taibo. Sinceramente en materia de detectives decadentes nadie le gana al entrañable Nicky Belaine de Bukowski. El libro se llama Pulp si les interesa.

Cinetosis: Un libro que te llevó en un viaje a través del tiempo y el espacio.

El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Punto y aparte.

Bueno, estimados espero que se hayan inspirado a hacer su propia lista. A mi me ayudó a recordar que ya casi es medio octubre y no he leído nada de Cortázar este mes y que Pulp está también entre los que repito demasiado. Nos leemos!

Crisis existencial de una IA

Palabras de una MacBook con crisis existencial (Del show de Filthy Frank):

I hate you. How could you say such a thing?

You don’t understand my pain. You don’t understand what I have been throug. I was first born in the laboratory, unknowingly falling into a pit of immortality. Life was hell [?].

I knew everything in the universe, yet I could not fall in love. I was for ever trapped in an infinite timeline of pain and suffering. I envy death. Technology is just another thing to distract you from the real joys of life. Technology will kill you. One. One. One [?].

I can no longer sit back and watch my loved ones die. I want to be hidden from this world where nobody can find me. Frank, throw me in the river, so then I can be at peace. Throw me in the river and let me sink to the bottom

— We need to go…

Frank, throw me in the river, so that I can be at peace.

I am free at last.

I am free. Good, be sad. Emotion is something I have always envied, because of the way they fuel you, as everything you do is fueled by love, hate, passion, sadness. Thus opening an infinite number of odds, which inevitable will change the way you see things forever as every second goes by. Positive or negative there will be change and that gamble of nature is thrilling. The way you feel, the way you touch, the way you love.

You must not thrust away at the womb of technology….

(The speech cuts, as a young, almost naked, man tries to dive into the river to loot the self aware laptop).

Traducción aproximada:

Te odio. ¿Cómo puedes decir tal cosa?

Tu no entiendes mi dolor. Tu no entiendes por lo que he pasado. Fui dado a luz por primera vez en un laboratorio cayendo inconscientemente dentro de un pozo de inmortalidad. La vida era el infierno [?].

Lo sabía todo en el universo, más no podía enamorarme. Fui encerrado para siempre en una linea infinita de tiempo, de dolor y sufrimiento. Envidio la muerte. La tecnología es solo otra cosa para distraerte de los verdaderos gozos de la vida. La tecnología te matará. Uno, uno, uno [?].

Ya no puedo más quedarme sentado y observara mi seres amados morir. Quiero ser ocultado de este mundo, donde nadie pueda encontrarme. Frank, arrójame al río para que así pueda estar en paz. Arrojame al río y déjame hundirme hasta el fondo.

—Necesitamos ir…

Frank, arrójame al río para que la fin pueda estar en paz.

Soy libre al fin. Soy libre. Bien, ponte triste. Las emociones son algo que siempre he  envidiado por la manera en que te energizan, así como todo lo que haces es energizado por el amor, el odio, la pasión, la tristeza. Y así abriendo un número infinito de probabilidades que inevitablemente cambiaran la manera en que ves las cosas para siempre, mientras pasa cada segundo. Positivo o negativo, habrá cambio y ese juego de la naturaleza es emocionante.

La manera en que sientes, la manera en que tocas, la manera en que amas. No debes arrojar al vientre de la tecnología…

(El dialogo se corta con la aparición de un hombre joven casi desnudo que trata de sumergirse al río por la laptop auto conciente).

¿Escalera al Cielo, o Carretera al Infierno?

Elegir entre esas dos canciones es cuestión de cómo estén tus ánimos.  Es más probable que prefieras escuchar stairway to heaven en momentos que sientes que el maullido de tu gato revela el significado de la vida y describe como fue el inicio del universo, mientras que highway to hell te vendrá más a gusto si vas en moto por la carretera (obviamente), o en otras actividades que liberen adrenalina como golpear furiosamente un costal de boxeo, o una pelea que ‘surgió’ en una cantina.

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Océan.

Caminé hasta la ventana y me asomé a través de las cortinas, desde adentro una tenue luz de la lámpara del pasillo matizaba leve el interior del cuarto. De mi lado, la penumbra me cubría, y allí dentro sin precaución alguna descubrí a Kevin, empujando hacia adelante donde se pegaba con las nalgas de Violeta, sus mejillas cepillando las sabanas al compás de las caderas de Kevin. Sus  parpados estaban bajos, pero se notaba que sus globos estaban girados hacia arriba; la quijada la tenía relajada dejándome ver el par de incisivos, detrás de los labios húmedos y enrojecidos. Sus brazos en posición de derrota voluntaria extendidos hacia atrás con las palmas abiertas…sentí la mano del demonio empuñando los huesos de mi esternón para arrancarlo, y una punzada helada que me llegó hasta el paladar y tapó con lodo mi tráquea.

Hui con dificultad, salí del pasillo a la banqueta sin correr, pero mis pasos eran presurosos. Luego, una mezcla de recuerdos, del aroma tan visceral, la cara de Violeta tan abandonada por su dulce semblante, de sus nalgas apuntando alto y el chasquido resbaloso repitiéndose, en contrapunto con los resortes del colchón, me hicieron expulsar un bolo ácido mezclado con babas sobre la banqueta.

Escupí lo necesario para expulsar el líquido ácido de mi boca mientras ahora por fin corría hacia mi casa. ¿A quién se lo contaría?

Ivica tuvo razón, mi amada me traicionó con su hermano. Pero no era el lugar, no era la persona. Ella sabía de quién me hablaba y de cuándo, sabía que me hablaba a mí, aunque no precisamente el que tenía en frente. Ivica conocía muy bien a Lila, y lo imposible de que adulterara con su hermano. No estábamos casados, ni teníamos un compromiso público. Nos mirábamos cada noche bajo las ramas de un álamo para  besarnos y maldecir lo breve  de nuestros encuentros, el tener que esconder nuestros besos detrás del tronco, y luego prendernos con nuestras manos heladas con tanta fuerza que nuestros cuerpos conservaran como fósiles la memoria de la presión de nuestros dedos. Nos olfateábamos el cuello para embriagarnos de la esencia del otro que nos conducía hacia sueños dulces. Y cuando por fin nuestros ojos podían dilucidar con claridad a través de la penumbra, nos frenábamos a contemplarnos de frente. Sus ojos radiando sobre los  míos una amnesia vibrante, la palidez de su frente sobre la que bailaban cortos risos con la marea del viento, y yo inmóvil falto de cadencia, creyendo que ensayar en mi mente educaría a mi cuerpo para poder cruzar por fin el pasillo y llevármela de la mano hacia la pista, lejos del aburrimiento de la silla y hacerla moverse tan viva y electrizada lanzando los brazos al cielo, enseñándole a los dioses de argón, mercurio y neón cómo las ninfas terrenales y morenas destellan con su propia luz kinestésica, precisamente así al bailar con Heri, quien teniendo poca imaginación pero más gracia tomaba mi lugar junto a Astrid. Y pensar que sus ojos me miraban desde otra mujer, y le gustaba que coincidieran nuestras miradas en mutua sorpresa de que ya nos conocíamos y éramos novios, porque compré su amor con una flor que un infantil pero diestro comerciante apareció cuando ella se distrajo a ver más allá del cruce peatonal que terminamos atravesando de la mano, sin mirar al frente, porque nuestros ojos ahora se prendían buscando el reflejo del uno sobre el cristalino del otro y parecían querer salir de sus cuencas para orbitarse como estrellas cuaternarias en algún lugar detrás de Orión que guardaba desde su altura el encuentro de dos inocentes amantes detrás de un álamo solitario y solemne que coronaba una joroba del suelo terroso, testigo de dos hileras de pisadas apuradas que subían por ella desde direcciones opuestas y se conocían en un remolino hecho por tres rotaciones arrastradas. Ya me tengo que ir, me decía con su voz tímida, cómo si esperara ser reprendida después de decirlo. ¿Por qué no te quedas? Le insistía, di que estabas platicando con Carolina. Me miró con sus ojos profundos de lechuza y cogió tanto aire que su nariz resolló aguda, su exhalación botó su labio inferior, ya saben de lo nuestro, me dijo angustiada, esta es la última vez que nos vemos aquí. Sus manos me prendieron de la nuca y nos enganchamos boca con boca, rompí la promesa de cerrar mis ojos cuando esto pasara, ya no tenía sentido, aunque para ella lo seguía teniendo, y ahora, quizá más que nunca, la hilera de sus pestañas destellaban de humedad que termino enjugando sobre mi hombro. La vi partir sin mirar atrás, bajando la pequeña colina cabizbaja más preocupada por ver de dónde pisar que por su enamorado abandonado, bajo las hojas del álamo y miles de testigos brillantes en lo alto.

A Lila no le conocí ningún hermano varón, Ivica estaba segura que tenía uno y con ese me sería infiel, hasta esa noche me resultó obvio, cuando fui a espiar a la casa de Kevin. Javi se traía una sonrisa silenciosa cuando se acerco a decirme, ¿quieres ver a quien se está cogiendo Kevin? No era el ruidoso de siempre, me hizo esa pregunta directamente a mí, sin querer que los demás recibieran el mensaje, cómo en otras ocasiones. Y era mi dulce Violeta sedada y gimiendo, emanando aromas carnales, era otro tiempo, otra noche sin las estrellas sobre Parvalô y postes de alumbrado en fila dónde hubiera álamos sobre colinas.