To remember childhood

This is an extract from the novel Hopscotch (Rayuela) by Julio Cortázar, I read the whole book in spanish; recently,  I saw a video, a fragment of a short film based on the novel with english speaking actors dialoguing with phrases from the book, mostly the internal meditations of the narrator/protagonist. I loved the part that explains the kid’s game, so I transcribed as clear as I my listening skills allowed me.

 

Hopscotch is played with a pebble that ­­you move with the tip of your toe

The things you need: a sidewalk, a pebble, a toe

and a pretty chalk drawing, preferably in colors.

On top is heaven

On the bottom is earth

It’s very hard to get the pebble up to heaven, you almost always miscalculate and the stone goes out the drawing,

But little by little you start to get the neck off out to jump over the different squares.

And then one day you learn how to leave earth, and make the pebble climb up to heaven

The worst part of it is, that precisely at that moment when practically no one has learnt to make the pebble climb into heaven

Childhood is over, all of a sudden.

And you are into novels,

into the anguish of the sensless, divine trayectory

Into the speculation about another heaven, that you have to learn to reach too

And since you’ve come out of childhood you forget that in order to get to heaven

You have to have a pebble

and a toe…

 

Un resumen de la bitácora del capitán.

19/08/14 10:19 p.m.

Un poco tarde para estar escribiendo. Y a propósito, cuánto tiempo que no tocaba este blog personal; vaya lo valioso que he reaprendido al leer las entradas. Y aquí traigo una nueva lección, para mí. Usar la función de insertar fecha y hora del Word al menos para las entradas de este blog/diario.

En fin, este día lo debería estar celebrando, ya tengo trabajo después de tres meses de andar a la deriva. Y ya ha regresado a mí algo de imaginación literaria, he sacado a la luz de las letras vestigios del pasado y los he transformado en una especie de cuento a la manera que siempre quise hacerlo, de manera acrónica, como un espagueti western, cómo kill bill, como pulp fiction, y agregándole una mezcla de realidades, transposición de realidades… bueno todo eso está en mi cabeza por ahora, el cómo lograré que quede así depende totalmente de mí, de mi ingenio y de cuanto descubra que se usar el lenguaje. Ahí viene el reto.

Dejaré olvidado un rato la historia del parquecito, no encuentro como hacerla épica, y además solo he escrito descripciones, ninguna página me ha salido en forma de historia o cuento, carece de encanto. Me duermo.

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Anteojos

Relato corto escrito a un solo párrafo. 

Cuanto miedo le tenía ella a aquel hombre que se le quedaba viendo; sus ojos lastimosos, la nariz como cascara de naranja y aquellas barbas puntiagudas, los cabellos entre castaño y cano rebeldes sin voluntad de aplacarse, cortos, eso sí, pero resecos sedientos de aseo. Siempre, es decir de lunes a viernes sufre de aquel terror durante el camino de regreso a casa, excepto ella, los demás estarían distraídos contando cualquier brote de ocio, recordando las hazañas del recreo a risa suelta, baño de sol y el mundo es nuestro. Pero ella, curiosa de su entorno, sorprendía al viejo observado pasivo detrás de los barandales negros sentado en su trono de plástico, a la sombra del patio techado, camisa de tirantes, sudor, una botella de soda a medio beber pendiendo de sus manos y Raquel déjame salir. Déjame ir con ella, tú ya estás vieja. Llevarse esa mirada hasta la casa en el almuerzo con mamá, papá y el hermano mayor presumiendo sus goles; tortillas frías, suero de queso queda en el plato.  Seguir con la mirada de aquel a cuestas mientras los problemas de mate se van resolviendo y luego viendo la tele. Hay que acusarlo, pero, ¿qué tal si estoy loca, si no me mira a mí? Pero sí me mira y hace algo con la mano, se junta los dedos, los pega y los despega del pulgar de la misma mano. Mañana pasamos por la otra  calle. Si no quieren, me voy sola. Mejor no. Bien dicho pequeña. Ella no sabe con qué se encontraría por la otra calle, lo mismo daba un perro u otro viejo. Mejor le digo a mi maestra. Eso sería lo mejor, no tendrás jamás mejor amiga en esos años que tu querida maestra. Ya verás que ella te acompaña junto con tus amiguitos siguiéndolos  desde atrás para que el viejo se confíe y lo delate su pasiva lascivia ¿Qué es lo peor que puede pasar? Que el viejo  no esté ahí ese preciso día y tu maestra no te vuelva a creer nada, y luego día tras día  tengas que aguantar su mirada que nadie parece notar, a  lo mejor su celosa esposa tras la ventana, hasta que se acabe el año y  al mismo tiempo, la primaria, menos de medio año para eso, un cuarto de año  a lo más para que acabe. Le siguen las vacaciones, un viaje al sur, un regreso adelantado para las compras escolares. La secundaria. Para entonces ya se toma autobús, ya no hay que pasar por ahí. Pero piensa en los viejos que pueda haber en esos autobuses. ¿serán todos así? Ni modo, hay que guardar distancia y andar en pandilla, chicos y chicas mientras más sean, más segura. y luego un novio uno fuerte que te proteja porque papá no puede, trabaja duro todo el día para que vivas como princesita egipcia. Nada más no te embriagues como tal. Ahora mismo no te da curiosidad y ya te han dado tantas platicas en el salón para prevenirte del alcohol y otros vicios, pero ¿Por qué no nos platican de los viejos mirones y cómo combatirlos? Sabes que el hace mal, es pecador y va al infierno, pero no tienes como ponerlo en evidencia y ni se te ocurra ir a plantarle cara, él domina el disimulo y su conciencia yace enterrada junto con sus escrúpulos. En su mente atesora una colección de recuerdos tuyos, reales unos, inventados otros, o modificados a su antojo, las cuales solo puede intuir de tus rodillas hacia arriba y más arriba. Te ha sometido a todo tipo de situaciones impropias e inmorales, te ha hecho madurar el cuerpo a su antojo congelando imágenes de tu cuerpo en diferentes etapas de su desarrollo a partir de tu infantil edad, se imagina palpar esas topografías suaves y tibias del reino de su imaginación. Tacto del cual eres objeto. Pero no hay manera de castigarlo por todo aquello, pequeña, ni manera de comprobar que eso pase por su mente. Te preguntarás si tiene alguna enfermedad, y pues bueno, es de esperarse. Pero lo mismo da lo que tenga o lo que pase por sus sesos, mientras esos ojos te sigan asechando no estarás tranquila y que hay que hacer al respecto sin exponerte como loca, ya de por si callada. Ignoras los hechos, deja que te vea, no pienses en ello; no puede ir más allá, porque entonces sí le va mal. Pero mientras, camina tranquila, platica con tus compañeritos de las hazañas del recreo, el sol los bañe y el mundo sea vuestro, no le des tanta importancia porque no eres la única que pasa frente a su casa.

Sinápsis

— ¿Ya se aplacó el viento?
—Aún hay para rato, quédate en el rincón.
— ¿Has visto mis ojos por ahí?
— ¿De qué hablas?
—No puedo ver, creo que los extravié.
—No te recuerdo con ojos, Nadia.
—Son unos verdes, los tenía cuando nos conocimos.
—Entonces, ¿Qué pasó con ellos? Sigue leyendo